Jose Manuel Aparicio | Banderizos, un viaje de Portugalete a Úbeda
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Banderizos, un viaje de Portugalete a Úbeda

Todo “comenzó” y “terminó” en Úbeda. Ha sido un año excepcional. Un año que empezó el 15 de noviembre de 2015 con una llamada para informarme de que había ganado el IV Certamen Internacional de Novela Histórica Ciudad de Úbeda. Era mi primera novela, Banderizos. Comprendí entonces que el trabajo, el esfuerzo y la paciencia daban sus primeros frutos. Ese 15 de noviembre se abría una puerta grande, y en su grandeza yo sentía la emoción de atravesar su umbral, que desplegaba una senda ilusionante e intensa. Por lo que suponía para mi proyección como autor y por todo lo que me tocaría hacer por primera vez. Un mundo nuevo por descubrir, por experimentar, por vivir.

Junto a la editorial Roca, el ejército banderizo asentó campamento frente a las murallas de Bilbao, Barakaldo, Medina de Pomar, Portugalete (toda una prueba de fuego por ser el principal escenario de la novela) y Úbeda. Y presentó la novela en estas plazas. Es en esta última en la que voy a centrarme, por todo lo que ha supuesto para mí (e intuyo que supondrá en el futuro), y por la espectacularidad del evento que cada año se celebra allí en torno a la Literatura y a la recreación histórica.

Úbeda, ciudad Patrimonio de la Humanidad, me acogió con cariño en marzo de este año para la entrega del premio. Una ciudad que huele a Historia y a olivo, que sabe a aceite y a monumento. Son muchas las personas, instituciones y asociaciones implicadas en el certamen. Pablo Lozano está a la cabeza, un amante de la Historia cuya pasión y capacidad de trabajo se siente, se percibe, a poco que trates con él. Pero no es solo él, son mucho más. Pedro Pablo Uceda, Miguel Navarrete, Luis Foronda… Me dejo mucha gente, seguro. Es una muestra de que el trabajo de estas y otras muchas personas ha sido capaz de atraer para los actos del certamen a autores de la talla de Massimiliano Colombo, Javier Olivares o Santiago Posteguillo, entre otros. Este evento es cada año más reconocido y valorado a nivel mundial. Una prueba de que con pasión y tesón se pueden alcanzar grandes metas. Y en esto, Úbeda recoge el mismo espíritu que impregna Banderizos: las poblaciones pequeñas pueden también destacar. No todo lo grande tiene por qué suceder en Barcelona y Madrid. Portugalete y Úbeda también sacan pecho.

Y llegó el 20 de noviembre de 2016, la fecha en la que se cerraba el círculo. Me tocaba presentar en la ciudad de los cerros. Un domingo. Un fin de semana en el que, desde hace cinco años, la ciudad se engalana de Historia, de Literatura. Los días previos se celebran como aperitivo presentaciones de libros, y es el fin de semana el momento cumbre: los actos de recreación histórica. Tropas alemanas y aliadas de la Segunda Guerra Mundial, ejércitos romanos y galos, Tercios del siglo XVI… Soy aficionado a la recreación histórica, y he presenciado espectáculos en diferentes lugares. Ninguno como en Úbeda. La calidad y detalle de las ropas y de las armas, el nivel de realismo de los combates simulados, la capacidad de teatralización de estos grupos… Todo sobrecoge. Os pongo en situación. Paseas por una calleja antigua y te cruzas con dos soldados americanos y una enfermera. Y no parecen disfrazados. Tiene uno entonces la sincera sensación de estar en otra época, o en una buena película. Y eso no es fácil de conseguir. El Certamen Internacional de Novela Histórica Ciudad de Úbeda lo logra con creces. Los habitantes se implican. Los organizadores, los grupos de recreación, los espectadores, se entregan. Y el resultado se nota. Otro par de ejemplos: el ejército alemán retrocede ante el avance de los aliados. Gente a la carrera, se escuchan disparos, explotan granadas. Órdenes y chillidos y gritos. El escenario de la disputa, una plaza. Y uno, como espectador civil, asiste al intercambio de fuego con la espalda pegada contra una pared, temeroso de salir herido si osa dar un paso al frente y cruzarse en la línea de fuego. Tan real parece.

Un poco más abajo, un grupo de soldados romanos se enfrenta a otro de indígenas galos. Nos trasladamos a la Guerra de las Galias. Y el choque de infantería es auténtico, brutal, casi sanguinario. Se golpea con el escudo, se acuchilla a la cara, al pecho, al muslo. La primera línea de legionarios romanos, a una orden de silbato, cede su posición a la siguiente. Perfectamente entrenados, totalmente coordinados. Sin dejar resquicios. Una máquina imparable que termina por defenestrar a los valientes galos.

Y entretanto, encuentros y premios y más presentaciones de libros. Todo a la vez. El mundo, la vida, parecen girar en torno a Úbeda.

La ciudad jienense se viste de Historia. No se me ocurre mejor lugar para cerrar el ciclo de presentaciones. Y sale bien, funciona, parece que gusta y causa interés. Estoy contento, satisfecho por haberles mostrado a estos banderizos, que ya son tan suyos como míos, que pertenecen a cualquiera que quiera acercarse a la novela.

Ha sido un viaje fabuloso. Pero el verdadero viaje es la escritura. Ese que uno recorre cada día desde hace años, en lo más íntimo, consigo mismo, ante la pantalla del ordenador, ante una libreta o mientras practica deporte y se le atropellan las ideas y las emociones y necesita regresar rápido a casa para anotarlas. La verdadera Literatura se vive primero en la más íntima soledad, en lo más recóndito de nuestros pensamientos. Esos que uno solo se atreve a contar en forma de novela.

En realidad, el viaje no ha hecho más que empezar…

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