Jose Manuel Aparicio | Cómo narrar una batalla medieval en una novela histórica
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Cómo narrar una batalla medieval en una novela histórica

Artículo publicado en el blog de novela histórica XX Siglos, perteneciente al periódico 20 minutos, de David Yagüe, autor de las novelas Bravo Tango Siete. El contratista y Los últimos días del imperio celeste.

Si tienes en mente escribir una novela histórica con batallitas, creo que mi experiencia te servirá. Mi novela Banderizos ofrece una buena dosis de mamporros medievales. Ten presente que lo que te cuento a continuación es el método que yo utilizo. No lo tomes como algo rígido, no son más que sugerencias. En literatura no puede ni debe haber nada cuadriculado, sí unas normas, unas técnicas, pero siempre flexibles. Y ahora vamos al grano. Te voy a explicar cómo monto yo una buena batalla…

Piensa primero en la emoción. Recuerda que una batalla ha de emocionar. No se trata solo de soltar tortas a diestro y siniestro. Que esas tortas emocionen al lector, que tengan algún sentido e impliquen a personajes por los que el público ya sienta alguna afinidad o algún odio. Y para que emocionen al lector, han de emocionarte primero a ti. Si estás leyendo este artículo, es porque te gusta la novela histórica y ya habrás leído varias con su respectiva batalla. Pregúntate en cuál de ellas el combate te emocionó y en cuál no y piensa por qué. Esa es la primera pista.
Documéntate bien. Es importante que seas riguroso. No se trata de alcanzar la perfección, porque eso, incluso en cuestiones históricas (sobre todo en cuestiones históricas), es algo difuso, pero sí que has de conocer bien las técnicas de combate que se empleaban en la época que describas, las armas y el terreno en el que se desarrolla la batalla. No dudes en indagar y bucear en antiguos tratados de combate, en obras modernas sobre historia militar, en crónicas de personajes históricos… Estudiar este tipo de obras te permitirá tener una visión de conjunto de cómo se combatía en la Edad Media.
Google Earth. No es por hacer publicidad gratuita, pero este buen amigo online es una excelente herramienta de apoyo para reconocer el terreno en el que se va a desarrollar tu batalla. Te permitirá tener una perspectiva global y hacer algunas mediciones del terreno.
¡Cuidado con el terreno! Sobre todo si se trata de novelar una batalla que sucedió en realidad o si te la vas a inventar pero va a tener lugar en un terreno real. El paisaje cambia mucho con el paso de los siglos. Por ejemplo, zonas que hoy no son boscosas, en su momento sí lo fueron; o lugares en los que actualmente hay tierra, quizá hace siglos fueron ocupados por el mar. Asegúrate bien de conocer y comprender cómo era el terreno en la época en la que se desarrolla tu batalla.
Visita el escenario. Si te es posible, pásate por allí con tiempo, haz fotos, toma notas, muévete, emula a tus personajes… y, sobre todo, siente y visualiza. Detenerte a sentir y visualizar aquello que quieres mostrar mediante la palabra es muy importante. Concéntrate en ello y cuando el pelo se te ponga de punta, estarás en el camino de mostrar con acierto tu batalla.
No siempre es posible visitar el terreno en el que se desarrolla tu batalla ni siempre es posible encontrar datos sobre geografía en general y orografía en particular. Cuando este sea el caso, echa mano de las fuentes, estudia batallas similares en lugares que pudieron ser parecidos a aquel que tú quieres mostrar. En investigación histórica con frecuencia carecemos de los datos que necesitamos. Aquí te toca hacer de historiador y analizar referencias similares para construir tu propio escenario.
Te toca pelear. No estaría de más que visitaras museos de armerías y que te acercaras a disfrutar con grupos de recreación histórica. Es importante que veas en directo cómo eran las ropas y las armas que empleaban los combatientes. Y, mejor aún, si puedes ponértelas o usarlas. Así asimilarás su tacto, su peso, su olor… y te será más fácil imaginar cómo debió de ser emplearlas en un combate real (hasta cierto punto, claro…).
Utiliza el sentido común. No hay documentación para todo ni respuestas para todo. Cuando dudes sobre cómo se comportaría un personaje en una pelea o en cualquier otro momento de la narración, usa el sentido común. Piensa en lo que tú harías o en lo que hacen personas que conoces. No te creas, después de tantos siglos, el ser humano no ha cambiado tanto y sigue reaccionando más o menos de la misma manera…
Ojo con el punto de vista. Para que una batalla sea creíble has de tener muy presente desde qué perspectiva la vas a contar. Un narrador en tercera persona te permitirá estar en todos los sitios que quieras para mostrar tu batalla, pero hay que hacerlo con maestría si no quieres que parezca increíble. Aunque no hay batallitas, El hereje, de Miguel Delibes, es un fantástico ejemplo de narrador en tercera persona empleado con elegancia, casi sin que se note que hay un sabelotodo narrando la historia. Si usas un narrador en tercera persona, no abuses de él. Puede que lo mejor sea que lo combines con escenas en las que el narrador ponga el foco sobre un personaje concreto. Esto acercará al lector al cogollo de la batalla. Si la novela las vas a narrar en primera persona, recuerda que el narrador solo puede estar en un sitio al mismo tiempo. Piensa muy bien desde qué punto de vista vas a afrontar el conjunto de tu novela y, por lógica extensión, tu batalla. El narrador siempre condiciona el cómo se cuenta.
No es necesario que expliques toda la batalla con detalle. Economiza y pon la atención en aquellos elementos que mueven la acción y evita aquellos que la frenen. La documentación ha de estar al servicio de la narración. El lector no quiere saber si eres o no un erudito en el tema, tan solo quiere que le emociones. Hay que intentar que la documentación no se note. Se supone que estás escribiendo una novela. Si lo que quieres es demostrarle que sabes mucho sobre técnicas bélicas de la Edad Media, es mejor que escribas un ensayo.
Decide por ti mismo. Durante el proceso de documentación, puede que te encuentres con datos imprecisos y, lo que es peor, con datos contrapuestos. Una fuente dirá que tales soldados empleaban escudo redondo y otra que utilizaban escudos rectangulares. Y en ese momento te preguntas, «¿y qué hago yo?». La respuesta es simple: haz uso de lo que mejor le vaya a tu novela.
Ten presente que estas sugerencias puedes aplicarlas a batallas de cualquier otra época y no solo medieval.
Para terminar: estudia cómo lo hacen otros autores. Banderizos, entre otras cosas muy entretenidas, tiene unas cuantas peleas a mayor o menor escala. Leerlas y saborearlas te permitirá comprobar cómo apliqué estos consejos que aquí te brindo. Y serás tú quien decida si funcionan o no. A partir de ahí, es tu turno. ¡Sal al campo de batalla!

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